Summa Psicológica UST

2017, Vol. 14, Nº 2, 14 - 23

doi:10.18774/summa-vol14.num2-333

Miedo al Delito, Victimización y Satisfacción con la Vida en México

Fear of Crime, Victimization, and Satisfaction with Live in Mexico

Alejandro Veraa, Belén Martínez-Ferrerb , María Elena Ávilaa, , Gonzalo Musitub

aUniversidad Autónoma del Estado de Morelos; Centro de Investigación Transdisciplinar en Psicología

(Mexico),bUniversidad Pablo de Olavide (España)

(Rec.: junio de 2017 — Acept.: octubre de 2017)

Resumen

El objetivo del presente estudio es examinar las relaciones existentes entre miedo al delito, victimización y satisfacción con la vida, en función del género. La muestra estuvo conformada por 7535 sujetos de ambos sexos (49.8 % mujeres y 50.2 % hombres) de entre 12 y 70 años, seleccionados a partir de un muestro estratificado proporcional. El instrumento de medida fue una adaptación de la Encuesta Nacional de Victimización y Seguridad Pública de México. A partir de un MANOVA factorial multivariante se observó que el miedo al delito, la victimización y las medidas de protección frente a la delincuencia se relacionaban con una pobre satisfacción con la vida. También se observó, respecto del sexo, que los hombres tenían mayor miedo al delito y realizaban más restricciones en su vida cotidiana. Finalmente, se discuten los resultados y sus implicaciones prácticas.

Palabras clave: Satisfacción con la vida, victimización, miedo al delito, rutinas diarias, percepción de inseguridad,

Abstract

The aim of this study is to examine how fear of crime, victimization, and satisfaction with life are related and also differ according to gender. 7535 participants of both sexes (49.8% women and 50.2% men) aged from 12 to 70 years old were selected from a proportional stratified sample. The instrument applied was an adaptation of the National Survey of Victimization and Public Security of Mexico. A multivariate factorial MANOVA was carried out. Fear of crime, victimization, and measures of protection against delinquency appear as related to poor satisfaction with life. Regarding to gender, higher scores of men on fear of crime and on restrictions in their daily lives were observed. Finally, the results and their practical implications are discussed.

Keywords: Satisfaction with live, victimization, fear of crime, daily routines, perception of insecurity

Introducción

La incidencia delictiva en México ha aumentado de manera significativa desde el año 2006, llegando a alcanzar los más altos niveles de criminalidad en el momento presente (Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, 2014). La delincuencia se ha convertido en un problema social que conlleva un deterioro de la calidad de vida de la ciudadanía (Vilalta, 2014). Por otra parte, existe abundante evidencia empírica en la que se subraya la relación entre la satisfacción con la vida (como indicador de calidad de vida y bienestar) y variables psicosociales como la autoestima, el optimismo, el clima social familiar, la participación comunitaria, así como con problemas sociales (Argyle, 1999; Frey & Stutzer, 2002; Ríos & Moreno, 2010). Sin embargo, son pocos los trabajos en los que se ha analizado el vínculo entre el miedo al delito, la victimización y la satisfacción con la vida en contextos con una elevada criminalidad. En este trabajo nos proponemos examinar la relación entre estas variables en el contexto mexicano, considerando también el género.

 

Se entiende por satisfacción con la vida la evaluación que la persona hace de su vida en relación con la percepción de bienestar (Diener & Diener, 1995). Este constructo alude fundamentalmente a la evaluación cognitiva de la calidad de las experiencias propias, y se considera, por tanto, un indicador de bienestar subjetivo en el que la persona valora de manera general su vida (Watanabe, 2014). A pesar de que factores como la victimización y la percepción de inseguridad afectan negativamente a la percepción subjetiva de bienestar, en la actualidad existen pocos estudios en los que se constata esta relación en contextos en los que la incidencia delictiva es elevada (Ávila, Vera, Martínez-Ferrer & Bahena, 2016; Michalos, Zumbo & Hubley 2000; Møller, 2005; Powdthavee, 2005).

 

En este sentido, Di Tella y MacCulloch (2008) encontraron relaciones negativas significativas entre la tasa de agresiones en el ámbito nacional y la percepción de felicidad de la población, tanto en Estados Unidos como en Europa, un concepto íntimamente relacionado con la satisfacción con la vida (Diener, Emmons, Larsen & Griffin, 1985). En relación con la experiencia de victimización, que alude al hecho de ser o haber sufrido un delito (Ramos & Andrade-Palos, 1991), se ha señalado que esta implica una merma de derechos o una perturbación significativa del bienestar de la persona (Morosawa, Dussich, & Kirchhoff, 2012). En este sentido, Powdthavee (2005) observó que las víctimas de delitos informaban de una menor satisfacción con la vida, en comparación con las no-víctimas. Por otra parte, Hanslmaier (2013) mostró que esta disminución es todavía mayor en las mujeres que en los hombres. Esta relación puede atribuirse al hecho de que ser víctima es uno de los estresores no-normativos de mayor impacto, lo que supone una merma significativa de la satisfacción con la vida (Segerstrom & O´Connor, 2012; Staubli, Killias & Frey, 2014; Thomsen, 2013; Turner, Shattuck, Hamby & Finkelhor, 2013). Pese a lo anterior, no todos los estudios son coincidentes con estos resultados. Por ejemplo, Michalos et al (2000), con datos de población canadiense, concluyeron que la influencia de la victimización en la calidad de vida disminuye cuando se tiene en cuenta otras variables que, tradicionalmente, son consideradas recursos comunitarios, como la satisfacción con el vecindario, con la pareja y la autoestima. Un hallazgo similar fue el encontrado por Moore (2006) quien, utilizando datos de la Encuesta Social Europea de 22 países, indicó que la experiencia de victimización no ejercía ningún impacto significativo sobre la felicidad, una variable interrelacionada con la satisfacción con la vida (Watanabe, 2014). Estos datos sugieren que en la relación entre victimización y satisfacción con la vida es necesario considerar otras dimensiones explicativas.

 

Un aspecto que está íntimamente relacionado con la victimización es el miedo al delito, definido como una reacción emocional de temor o ansiedad haca el delito o hacia aquellos símbolos que la persona asocia con el mismo (Ferraro, 1995). Uno de los problemas de este constructo estriba en la dificultad de realizar una medición adecuada (Caro Cabrera & Navarro Ardoy, 2017), debido a que este temor no se puede predecir únicamente teniendo en cuenta la victimización y las tasas de criminalidad (Ramos & Andrade-Palos, 1993). Como señalan Molina y Eternod (2012), la medida multidimensional de miedo al delito debe incluir aspectos cognitivos, afectivos y conductuales. En este sentido, la percepción de inseguridad, bien como medida general o bien vinculada a espacios públicos y privados, la adopción de medidas de protección por temor a la victimización y las restricciones en rutinas cotidianas, constituyen indicadores que se han venido utilizando para medir el miedo al delito (Fernández & Grijalva, 2012).

 

En este sentido, en investigaciones previas se ha indicado que el bienestar subjetivo de los ciudadanos disminuía en la medida en que percibían su comunidad como un lugar inseguro (Cohen, 2008; Ward, LaGory & Sherman, 1986). Este es un aspecto importe a considerar, puesto que la percepción de inseguridad tiene diversos efectos en el estilo de vida de las personas y, como se ha mencionado previamente, influye en la participación de la ciudadanía. Se ha observado que las personas que valoran de modo negativo su comunidad informan de cambios en sus rutinas diarias, reducen los intercambios sociales, evitan conductas antes habituales, como salir de casa o transitar por lugares considerados como peligrosos y asumen más medidas de protección en el hogar (Ruíz, 2007; Vilalta, 2011). Por lo tanto, la percepción de inseguridad, la experiencia de victimización y los cambios en los hábitos de vida se encuentran interrelacionados.

 

Lo anterior puede reflejarse en que, por una parte, más del 36% de las personas que utilizan el transporte público en el área metropolitana de la Ciudad de México afirmaron que se sentían inseguras o no muy seguras (Vilalta 2011). Paralelamente, en la encuesta realizada por el Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática [INEGI] (2011a), los lugares considerados como más inseguros son aquellos donde hay cajeros automáticos en la vía pública, los bancos, el transporte público y la calle. Sin embargo, la sensación de inseguridad no se limita a este tipo de entornos. Delbosc y Currie (2012) observaron una estrecha relación entre la percepción de inseguridad en el transporte público, en la calle por la noche y en el propio hogar, por lo que la percepción de inseguridad se manifiesta en un clima social generalizado de inseguridad, en espacios públicos y privados. Igualmente, en México, los delitos que más preocupación suscitan hacen referencia a la vulneración de la integridad tanto en espacios públicos como privados (Ávila, Martínez-Ferrer, Vera, Bahena & Musitu, 2015; INEGI, 2011b).

 

Un aspecto que creemos de interés subrayar, es el hecho de que la exposición repetida a actos violentos genera una desensibilización hacia los potenciales efectos adversos de estos actos (Fitzpatrick, 1993). El problema de la habituación y normalización ante la violencia radica en que, cuando las personas que residen en un vecindario con elevados índices de violencia se desensibilizan, no ven necesario llevar a cabo otras acciones como potenciar redes de apoyo que, como se ha constatado en numerosas investigaciones, es uno de los recursos comunitarios más importantes en la amortiguación de los estresores sociales, como es el caso de la violencia y la victimización (Buelga & Musitu, 2009; Cooley-Strickland et al., 2011; Gracia, Musitu & Herrero, 2002; Martínez-Ferrer, Amador, Moreno & Musitu, 2011).

 

En definitiva, la victimización y el miedo al delito en entornos violentos y criminógenos no siempre disminuyen la satisfacción con la vida y el sentimiento de bienestar, sino que parece que existen variables que minimizan estos efectos, como es la desensibilización como consecuencia de una permanente exposición a la violencia. La mayoría de estudios sobre satisfacción con la vida y victimización se han realizado en entornos con niveles bajos de criminalidad. Esto limita la interpretación y explicación del rol de la satisfacción con la vida en la población con altos niveles de criminalidad.

 

Tampoco se conoce el papel que desempeña el género en la relación entre la satisfacción con la vida y las variables anteriormente expuestas, un ámbito en el que la investigación es, todavía, incipiente. Si bien tradicionalmente se ha constatado que las mujeres presentan mayores niveles de miedo al delito, pese a tener una tasa de victimización menor que los hombres, estos resultados se han confirmado en contextos de alta criminalidad (Ramos & Andrade-Palos, 1993). En estudios recientes realizados en estos contextos no se han corroborado estas relaciones. Por ejemplo, Vilalta (2010) no observó diferencias significativas en miedo al delito en función del género y más recientemente, Ávila et al. (2016) constataron que los hombres adoptan mayores medidas de protección y perciben mayor inseguridad en espacios públicos y privados, en comparación con las mujeres.

 

Teniendo en cuenta estos antecedentes, el objetivo del presente estudio es examinar las relaciones existentes entre la victimización y el miedo al delito, utilizando como indicadores la percepción de inseguridad y las modificaciones que la ciudadanía realiza para enfrentar este problema (cambios en las rutinas cotidianas y la adopción de medidas de protección y satisfacción con la vida), considerando el género y un contexto de alta criminalidad como es el caso de México. Como sugieren diversos autores (ver Vozmediano, San Juan & Vergara, 2008), estos indicadores permiten pulsar el temor de la ciudadanía ante la probabilidad de ser objeto de un delito. Se parte de las siguientes hipótesis: (1) la satisfacción con la vida será menor en aquellas personas que perciben una mayor inseguridad en su entorno, y menor en hombres que en mujeres; (2) las personas con menor satisfacción con la vida llevarán a cabo mayores restricciones en su vida cotidiana, y, estas restricciones, serán mayores en mujeres que en hombres; y (3) las personas con menor satisfacción con la vida informarán de mayores índices de victimización y de mayor uso de medidas de protección frente a la delincuencia y, particularmente, las mujeres tendrán puntuaciones más elevadas que los hombres en estas dimensiones.

Método

Participantes

Se realizó un muestreo aleatorio y estratificado proporcional en función de la densidad poblacional de los 33 municipios del Estado de Morelos (México), con el fin de seleccionar participantes de todos los municipios del estado. Para ello, el número de participantes de cada colonia fue proporcional al número de viviendas habitadas, estableciéndose un mínimo de cinco personas para, de este modo, asegurar la representatividad de todos los municipios, especialmente de aquellos menos poblados.

 

En este estudio participaron 7535 sujetos de ambos sexos (49.8 % mujeres y 50.2 % hombres), residentes durante al menos 6 años en el Estado de Morelos (México). Respecto a la edad, la muestra se distribuyó de la siguiente manera en función de los siguientes intervalos: [12-17 años] 24%, [18 -20 años] 8%; [21-30 años] 14%; [31 y 40 años] 14%; [41 y 60 años] 20%; y por último, [61 o más años] 20%. El tamaño de la muestra permite hacer predicciones con las variables seleccionadas en el presente estudio, con un coeficiente de determinación de .05 y una potencia de .90 (Elashoff, Dixon & Crede, 2005). Los valores perdidos por escalas o subescalas se obtuvieron mediante el método de imputación por regresión. Este método supone que las filas de la matriz de datos constituyen una muestra aleatoria de una población normal multivariante (Cleophas & Zwinderman, 2016; Sterne et al., 2009).

 

La presente investigación se ha realizado en el Estado de Morelos porque es el segundo Estado de México con mayor índice de violencia y el primero con mayor tasa de secuestro, robo con violencia y extorsión (Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y Justicia Penal, 2013) y, por lo tanto, se puede considerar como un contexto de alta criminalidad.

 

Procedimiento

El instrumento fue administrado de manera individualizada, en formato de entrevista, por 163 encuestadores formados por expertos y miembros del grupo de investigación de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos. Se optó por esta estrategia de aplicación del instrumento para garantizar la comprensión de los ítems en todos los encuestados. Los encuestadores se asignaron aleatoriamente a los cuatro sectores en que convencionalmente se agrupan los 33 municipios (norte, sur, este y oeste). Un supervisor coordinó cada uno de los sectores creados. Los participantes fueron informados de los objetivos del estudio, garantizando el anonimato y confidencialidad de los datos, y obteniendo además el consentimiento firmado de los participantes. En el caso de los menores de edad, se contó con la autorización de los tutores legales. Un 1.20% (N=98) de los encuestados se negó a participar en el estudio. En estos casos, se seleccionaron otros participantes siguiendo los mismos criterios muestrales. El tiempo de aplicación del cuestionario fue de entre 40 y 45 minutos.

 

Instrumentos

El instrumento utilizado es una adaptación de la Encuesta Nacional sobre Victimización y Percepción de Inseguridad que fue aplicada en el periodo comprendido entre 2011 y 2014 en México por el INEGI. A continuación, se describen las variables utilizadas en el presente estudio y sus propiedades psicométricas.

Miedo al delito. Percepción de inseguridad. Para evaluar la percepción de inseguridad en el municipio se realizó la siguiente pregunta “¿Cómo es la inseguridad en su municipio?”. La pregunta tiene 6 opciones de respuesta, que van desde: 1= Muy insegura, hasta 6= Muy segura.

 

Restricciones en actividades cotidianas. Esta escala dicotómica está conformada por 13 ítems que hacen referencia a las actividades que se han dejado de realizar por miedo a ser víctima de un delito. Para este estudio se realizó un análisis factorial con la siguiente estructura: el primer factor, denominado restricciones en la vida cotidianas, fue constituido por ítems tales como: salir temprano o de noche, caminar por calles oscuras y solitarias, etc., mientras que el segundo factor, denominado restricciones de índole económica, se construyó por ítems tales como: estacionar su vehículo en la calle, llevar tarjetas de crédito o débito, etc. El alpha de Cronbach para este estudio fue de .80 y .63 respectivamente.

 

Medidas de protección frente a la delincuencia. Es una escala dicotómica constituida por 15 ítems que miden la frecuencia de las diferentes medidas de protección ante la posibilidad de ser víctima de algún delito. En un estudio previo se obtuvieron dos factores (Ávila et al., 2015). El primer factor, medidas de protección física, alude a ítems como: comprar y portar un arma, instalar alarmas en el hogar, etc. El segundo factor, control de la información personal, agrupa ítems relacionados con la protección de datos importantes como: evitar dar información telefónica, evitar dar claves o datos personales por internet, etc. El alpha de Cronbach para este estudio fue de .74 y .71 respectivamente.

 

Percepción de inseguridad en lugares de día y de noche. Esta escala dicotómica, está compuesta de 9 ítems que evalúan la percepción de inseguridad en el día y la noche en los distintos lugares de la comunidad. Esta escala ha mostrado dos factores para el día y dos escalas para la noche. El primer factor, percepción de inseguridad en espacios públicos, está constituido por ítems que hacen referencia a lugares públicos como: la calle, el transporte público, etc. El segundo factor, percepción de seguridad en espacios de estudio y trabajo, está constituido por ítems que hacen referencia a espacios como: la escuela, el trabajo, etc. El alpha de Cronbach para este estudio fue de .81 y .74 de día y.76 y .68 de noche respectivamente.

 

Victimización. Tipo de delitos en la colonia. Esta escala dicotómica (1 = Sí y 2 = No), constituida por 13 ítems evalúa los delitos de los que han sido víctimas, como el robo, clonación de tarjeta, fraude, extorsión, lesiones, secuestro, hostigamiento, violación o abuso sexual, intento de homicidio.

Victimización. Se evaluó a partir de la pregunta “En los últimos doce meses, ¿ha sido víctima de algún delito?”. La pregunta contaba con dos opciones de respuesta (1= No, 2 = Si).

 

Satisfacción con la vida. Escala de satisfacción con la vida (Diener et al., 1985, adaptación al castellano de Atienza, Pons, Balaguer & García-Merita, 2000). Esta escala está compuesta por 5 ítems que ofrece un índice general sobre la satisfacción con la vida de los ciudadanos. La escala tipo Likert presenta un rango de 4 opciones de respuesta: 1=Muy desacuerdo 4= Muy de acuerdo. El alpha de Cronbach para este estudio fue de .82.

 

Resultados

Se llevó a cabo un MANOVA factorial multivariante con las siguientes variables dependientes: Percepción de seguridad en lugares de día y de noche, Restricciones en actividades cotidianas, Medidas de protección frente a la delincuencia, Tipo de delito en la colonia y Percepción de seguridad en el municipio. Las variables independientes fueron sexo y satisfacción con la vida. Se establecieron tres condiciones para la variable satisfacción con la vida en función de las puntuaciones obtenidas en los percentiles 25 (Q1), percentil 50 (Q2) y percentil 75 (Q3): satisfacción baja (Q1) [N = 1060], satisfacción media (rango intercuartílico) [N = 2903] y alta satisfacción (Q3) [N = 3784].

Los resultados del MANOVA indicaron que existen diferencias significativas en las variables estudiadas. El análisis de la interacción resultó no significativo, por lo que se consideraron únicamente los efectos principales de las variables Satisfacción con la vida (^ = .988; F[24, 15036] = 3.68; p = .000 ^2 = .006) y Sexo (^ = .988; F[24, 7518] = 7.51; p = .000 ^2 = .012). Posteriormente, se realizaron ANOVAS para analizar las diferencias en las variables evaluadas.

 

Satisfacción con la vida

En la tabla 1 se recogen los resultados del ANOVA con baja, media y alta satisfacción con la vida, medias y desviaciones típicas correspondientes. Los resultados mostraron diferencias significativas en los factores: Percepción de inseguridad en espacios públicos de día (F[2,8167] = 16.19; p = .000 ή2 = .004) y de noche (F[2,8167] = 9.99; p = .000 ή2 = .002), Percepción de inseguridad en los espacios de estudio y trabajo de día (F[2,8167 = 9.43; p = .000 ή2 = .002] y de noche (F[2,8167] = 13.63; p = .000 ή2 = .003), Restricciones en la vida cotidiana (F[2,8015] = 3.60; p = .027 ή2 = .001), Medidas de protección física (F[2, 7997] = 10.61; p = .000 ή2 = .003), Control de la información personal (F[2, 7951] = 8.32; p = .000 ή2 = .002), Percepción de seguridad en el municipio (F[2, 7890] = 6.40; p = .002 ή2 = .002), Tipo de delito: robo (F[2, 8167] = 7.63; p = .000 ή2 = .002), Tipo de delito: fraude (F[2, 8167] = 7.25; p = .001ή2 = .002) y Tipo de delito: homicidio (F[2, 8167] = 7.30; p = .001 ή2 = .002). Se observó en los contrastes post-hoc realizados con la prueba de Bonferroni que los sujetos con baja satisfacción con la vida mostraron mayores puntuaciones que los grupos restantes (media y alta satisfacción) en las variables siguientes: percepción de inseguridad en espacios públicos de día y de noche, percepción de inseguridad en espacios de estudio y trabajo de día y de noche y medidas de protección física. También, los resultados indicaron que los sujetos con alta satisfacción informaron de menor percepción de inseguridad y menor victimización por robo, fraude y homicidio que los grupos restantes. Por último, en relación con la variable control de la información personal, se observaron diferencias entre media y alta satisfacción, en el sentido de que los sujetos con satisfacción media obtuvieron mayores puntuaciones.

 

Tabla 1. Medias, Desviación típicas y resultados ANOVA entre satisfacción con la vida y las variables independientes

Los resultados mostraron diferencias significativas en los factores: Percepción de seguridad en espacios públicos de día (F[1, 8144] = 38.91; p = .000 ή2 = .005) y de noche (F[1, 8144] = 64.82; p = .000 ή2 = .008), Percepción de seguridad en los espacios de estudio de día (F[1, 8144] = 22.57; p = .000 ή2 = .003) y de noche (F[1, 8144] = 63.36; p = .000 ή2 = .008), Percepción de seguridad en el municipio (F[1, 7872] = 9.57; p = .002 ή2 = .001), Restricciones en la vida cotidiana (F[1, 7995] = 81.97; p = .000 ή2 = .010), Control de la información personal (F[1, 7931] = 31.94; p = .000 ή2 = .004). Se observó en los contrastes post-hoc realizados que los hombres mostraron mayores puntuaciones que las mujeres en las variables siguientes: percepción de inseguridad en espacios públicos de día y de noche, percepción de inseguridad en espacios de estudio y trabajo de día y de noche, restricciones en la vida cotidiana y de índole económica y control de la información personal. Las mujeres obtuvieron una puntuación estadísticamente mayor que los hombres en la percepción de seguridad en el municipio.

 

Tabla 2. Medias, Desviación típicas y resultados ANOVA entre satisfacción con la vida y las variables independientes

Discusión

El objetivo del presente estudio fue examinar las diferencias existentes en victimización y miedo al delito, evaluado a través de la percepción de inseguridad, los cambios en las rutinas y las medidas de protección, en función de la satisfacción con la vida en un contexto de alta criminalidad y violencia, como es el caso de México. Los resultados indican que la ciudadanía con menor satisfacción con la vida percibe mayor inseguridad, tanto en espacios públicos como en los espacios de estudio y trabajo, y evalúa su municipio como muy inseguro, lo que confirma la primera hipótesis planteada. Estos resultados son coincidentes con los obtenidos por Ward et al. (1986), quienes encontraron que los ciudadanos que percibían su comunidad como un lugar inseguro, informaban de una menor satisfacción con la vida y, en consecuencia, menor bienestar subjetivo. De hecho, la percepción del municipio y de los espacios de interacción social como inseguros, tiene un mayor efecto en la satisfacción con la vida que los indicadores oficiales de criminalidad (Cohen, 2008). En relación con el sexo, los resultados del presente estudio indican que los hombres perciben los espacios públicos, los espacios de estudio y trabajo y, de manera global, el municipio, como más inseguros que las mujeres, con lo cual se confirma también la segunda parte de la hipótesis.

 

Uno de los efectos más significativos del miedo al delito, y en particular de la percepción de inseguridad, es el deterioro de las redes sociales, personales y comunitarias, en la medida en que la ciudadanía, por temor a la victimización, reduce la frecuencia y calidad de las relaciones sociales e, indirectamente, refuerza la sensación subjetiva de aislamiento y soledad (Ruiz, 2007; Vilalta, 2011). Estas dimensiones a su vez, deterioran los niveles de satisfacción con la vida (Martínez-Ferrer, Ávila, Vera, Bahena & Musitu, 2016). Esto se traduce en algunos comportamientos indicadores de miedo y desconfianza, y que afectan la cohesión y salud comunitaria, tales como no salir por la noche, evitar actividades comunitarias de ocio y tiempo libre en espacios públicos, reducir el tiempo de interacción social por temor a la victimización en los desplazamientos, especialmente los nocturnos, y limitar el uso del transporte público. En este sentido, Carvalho y Lewis (2003) subrayaron el hecho de que la inhibición de conductas sociales produce un mayor temor a ser víctima, lo cual refuerza las conductas que implican una merma de las interacciones sociales y, de este modo, se consolida el aislamiento social y la sensación de vulnerabilidad.

 

Estas ideas se confirman a partir de los resultados de la presente investigación, tal y como se planteó en la segunda hipótesis: las personas con menor satisfacción con la vida son las que mayores restricciones realizan en su vida cotidiana. Estos resultados son convergentes con los obtenidos por Ross (1993), quien concluyó que el temor a ser victimizado se relaciona con la angustia y con la reducción del uso de los espacios públicos, lo cual tiene, a su vez, efectos negativos en la salud. En este sentido, se ha constatado que las restricciones por temor a la victimización no solamente se limitan a conductas de la vida cotidiana, sino que también tiene efectos importantes en aspectos psicológicos como la depresión, la ansiedad y la ideación suicida (Averdijk, 2011; Gale & Coupe, 2005; Sorenson & Golding, 1990; Xie & McDowall, 2008). En un estudio retrospectivo llevado a cabo por Ferraro (1995), se observó una mayor tendencia a limitar o transformar las rutinas cotidianas en aquellas personas que habían sufrido algún tipo de victimización durante el año anterior. Igualmente, Norris y Kaniasty (1994) encontraron que las personas victimizadas presentaban mayores índices de ansiedad, miedo, hostilidad y depresión, atribuyendo esta sintomatología a su mayor angustia, la cual permanecía quince meses después.

 

En población mexicana, y como resultado de la violencia y criminalidad que viene aconteciendo en los últimos años, Vilalta (2016) observó que la principal restricción por temor a ser víctima fue evitar el ocio nocturno, indicador mayor en jóvenes y mujeres. Esto no es coincidente con los datos obtenidos en el presente estudio, en el que se ha observado que las mujeres limitan menos sus actividades diarias (como las salidas nocturnas) que los hombres, con lo cual no se confirma esta parte de la hipótesis. Tales resultados podrían explicarse considerando el rol hegemónico que desempeñan los hombres en las familias y comunidades en México, en el sentido de que son los principales responsables de las tareas relacionadas con la seguridad y protección de las familias (Gutmann, 1996, 2003; Nehring, 2005). Asimismo, lo anterior podría sugerir que tienen un mayor acceso a información sobre el clima de inseguridad en la comunidad y una mayor participación en los intercambios sociales regulados, mientras que las mujeres tienen un mayor peso en las actividades informales (Ávila, Vera, Musitu & Martínez-Ferrer, 2012). Consideramos que este es un aspecto que merece una mayor exploración en futuras investigaciones, en las que se evalúen estas dimensiones respecto de hombres y mujeres y su rol mediacional en la relación entre el miedo a la victimización y la satisfacción con la vida.

 

También, se ha constatado que las personas con menor satisfacción con la vida informan de mayores índices de victimización y de un mayor uso de medidas de protección frente a la delincuencia, con lo cual se confirma la tercera hipótesis. Estos resultados están en la línea de los obtenidos por Hanslmaier (2013), que observó que el hecho de haber sido victimizado y el temor a volver a vivir esta experiencia se relacionaban con una baja satisfacción con la vida. También, en este estudio, se subrayó que el sexo de las víctimas constituía una variable relevante en el estudio, en el sentido de que las mujeres percibían un mayor temor a la victimización que los hombres. Estos resultados no son del todo coincidentes con los obtenidos por Gilchrist, Bannister, Ditton & Farrall (1998), quienes señalaron que hombres y mujeres presentaban niveles similares de miedo a la victimización y utilizaban medidas de protección para evitar una posible victimización de manera similar. Consideramos que estos aspectos merecen de una mayor exploración porque, tal y como sugieren Sutton y Farral (2005), es muy probable que los hombres tengan mayor temor a la victimización que las mujeres, aunque lo expresen menos.

 

No obstante, creemos que esta idea es muy sugerente y que debe interpretarse en el marco de los valores y creencias predominantes en las culturas en las que se llevan a cabo este tipo de estudios. Así, por ejemplo, según los datos del INEGI (2011b), en México, son los hombres los principales implicados en la delincuencia, tanto en el rol de víctimas como de victimarios, especialmente en relación con delitos como el robo o el asalto, evaluados en el presente estudio (Ávila, Martínez-Ferrer, Vera, Bahena & Musitu, 2016). Esto sugiere que es posible que los hombres, pese a estar más expuestos a la victimización, no comuniquen su temor debido a cuestiones culturales, por ejemplo, al rol que desempeñan en las funciones de protección de la seguridad (Gutmann, 1996). De hecho, en un estudio de San-Juan, Vozmediano y Vergara (2012) realizado en España, se constató que los hombres utilizaban más medidas de protección ante la delincuencia que las mujeres. Este mayor protagonismo en el hombre lleva implícito una mayor reticencia a mostrar el sentimiento de vulnerabilidad porque cuestionaría, ante los demás, su rol en la protección y seguridad de la familia.

 

En términos globales, nuestros resultados adquieren connotaciones dramáticas si tenemos en cuenta que se contextualizan en un ámbito de alta criminalidad e impunidad (INEGI 2011c). También, la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos (CMDPDH) y el Instituto Mexicano de Derechos Humanos (IMDHD), en su informe del año 2013, señalaron que únicamente se tramitaron el 1.5% de las denuncias presentadas por delitos durante el año anterior (CMDPDH & IMDHD, 2013). Esta realidad implica un mayor miedo al delito en la población ante la creciente victimización e impunidad, aunque, como señala Samudio (2001), esta última es un facilitador para la comisión de delitos y, en este sentido, la reducción de la impunidad parece disminuir que se comentan ilícitos.

 

Las víctimas, en un contexto de impunidad, se sienten desprotegidas y, en cierto modo, abandonadas, por un Estado al que perciben como incapaz de protegerlas y con una mayor sensación de vulnerabilidad ante una posible revictimización (Navia, 2008). En consecuencia, la representación social de la seguridad se elabora partiendo de un sentimiento compartido por la ciudadanía, de temor generado por la violencia directa o indirecta en todos los ámbitos de la vida y de vulnerabilidad ante la dificultad para hacer frente a esta situación (Carrión & Núñez-Vega, 2006; Fraile, Bonastra, Rodríguez & Arella, 2006). En consecuencia, ante este temor, la ciudadanía toma medidas de protección que reducen las interacciones sociales (Ávila, Martínez-Ferrer et al., 2016), deterioran las redes de apoyo y, en consecuencia, supone una merma sustantiva de la satisfacción con la vida.

 

Finalmente, existen una serie de limitaciones en este estudio que invitan a la cautela en algunas de sus conclusiones, si bien su carácter correlacional puede servir de base para futuras investigaciones en las que se pretenda profundizar en los aspectos tratados. En primer lugar, una de las dificultades más comunes cuando se investiga sobre la delincuencia y victimización es la reticencia de los participantes a compartir cierta información por temor a posibles represalias. En segundo lugar, la naturaleza correlacional del estudio impide situar antecedentes y consecuentes con rigor metodológico, por lo que sería interesante incorporar la dimensión temporal en futuras investigaciones. También, y a la luz de los resultados obtenidos, sería importante incluir la perspectiva de género con instrumentos sensibles que permitan una mayor y más rigurosa evaluación de la violencia contra la mujer, así como del rol que desempeña en los intercambios sociales.

 

Por último, un aspecto de carácter metodológico al que no se le ha dado importancia, probablemente por su carácter controvertido, es el relacionado con las medidas de miedo y percepción de inseguridad. En un trabajo de Gray, Jackson y Farrall (2011) se llevó a cabo una revisión crítica del tipo de medidas relacionadas con la evaluación de estos estados emocionales, subrayando el hecho de que la forma de preguntar tradicional potenciaba el sentimiento de ansiedad generalizado y, en consecuencia, sugerían un cambio en este formato, incidiendo en la frecuencia, y no tanto en la intensidad de la emoción negativa. Creemos que sería muy interesante analizar estos aspectos en un contexto de alta criminalidad, como en el que se ha llevado a cabo este estudio.

 

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* Correspondencia a: Belen Martínez Ferrer. Depto. de educación y psicología social. Universidad Pablo de Olavide.

E-mail: bmarfer2@upo.es

1 Nota autor

Esta investigación se ha elaborado en el marco del Proyecto de Investigación: Diagnóstico Estatal de la percepción ciudadana sobre la violencia, la delincuencia, la inseguridad, y la dinámica social e institucional (MOR-2012-C01- 190638), financiado por el Fondo Mixto de Fomento a la Investigación Científica y Tecnológica. Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología.

Summa Psicológica UST (CC – BY – 3.0)

ISSN: 0718-0446 / ISSNe: 0719-448x

http://summapsicologica.cl/

Satisfacción con la vida

F

ή2

Baja

Media

Alta

Percepción de inseguridad en espacios públicos de día

1.45 a

(.37)

1.38 b

(.38)

1.38 b

(.39)

F(2,8167) =

16.19***

.004

Percepción de inseguridad en espacios públicos de noche

1.83 a

(.26)

1.79 b

(.30)

1.78 b

(.32)

F(2,8167) =

9.99***

.002

Percepción de inseguridad en espacios de estudio y trabajo de día

1.27 a

(.30)

1.22 b

(.28)

1.23 b

(.29)

F(2,8167) =

9.43***

.002

Percepción de inseguridad en espacios de estudio y trabajo de noche

1.69 a

(.27)

1.66 b

(.29)

1.64 b

(.30)

F(2,8167) =

13.63***

.003

Restricciones en la vida cotidiana

1.56

(.28)

1.57 a

(.29)

1.55 b

(.30)

F(2, 8015) =

3.60*

.001

Medidas de protección física

1.27 a

(.21)

1.25 b

(.21)

1.24 b

(.22)

F(2, 7997) =

10.61***

.003

Control de la información personal

1.63 a

(.34)

1.61 a

(.35)

1.58 b

(.36)

F(2, 7951) =

8.32***

.002

Percepción de inseguridad en su municipio

2.60 b

(.92)

2.62 b

(.91)

2.69 a

(.89)

F(2, 7890) =

6.40**

.002

Robo

7.97 b

(2.58)

8.04 b

(2.50)

8.23 a

(2.28)

F(1, 8167) =

7.63***

.002

Fraude y clonación de tarjeta,

7.93 b

(2.62)

8.06 b

(2.55)

8.24 a

(2.31)

F(1, 8167) =

7.25**

.002

Homicidio, lesiones y secuestro

7.99 b

(2.60)

8.06 b

(2.53)

8.24 a

(2.30)

F(1, 8167) =

7.30**

.002

Nota. *** p < .001; ** p < .01; * p < .05; a>b, 1>2

Sexo

F

ή2

Mujer

Hombre

Percepción de inseguridad en espacios públicos de día

1.36

(.38)

1.42

(.38)

F(1, 8144) = 38.91***

.005

Percepción de inseguridad en espacios de estudio y trabajo de día

1.22

(.29)

1.25

(.29)

F(1, 8144) = 22.57***

.003

Percepción de inseguridad en espacios públicos de noche

1.76

(.32)

1.82

(.28)

F(1, 8144) = 64.82***

.008

Percepción de inseguridad en espacios de estudio y trabajo de noche

1.63

(.31)

1.68

(.27)

F(1, 8144) = 63.36***

.008

Percepción de inseguridad en el municipio

2.68

(.89)

2.62

(.92)

F(1, 7872) = 9.57**

.001

Restricciones en la vida cotidiana

1.53

(.30)

1.59

(.29)

F(1, 7995) = 81.97***

.010

Control de la información personal

1.58

(.36)

1.62

(.34)

F(1, 7872) = 9.57**

.004

Nota. *** p < .001; ** p < .01; * p < .05