Summa Psicológica UST

2018, Vol. 15, Nº 1, 62 - 70

doi:10.18774/0719-448x.2018.15.375

Identidad profesional en condiciones de subempleo en Bolivia

Professional Identity in conditions of underemployment in Bolivia

Raúl Alejandro Aráoz Cutipa, Bismarck Pinto Tapia

Universidad Católica Boliviana San Pablo, Bolivia

(Rec.: enero de 2018 – Acept.: abril de 2018)

Resumen

La profesión como sinónimo de movilidad social y estabilidad económica está en entredicho, esta actividad se ve marcada por la presencia de contratos de trabajo que eluden y disfrazan la relación obrera/patronal, generando espirales de fuerza laboral que terminan en condiciones de subempleo. El objetivo de la presente investigación es comprender la vivencia de profesionales bolivianos ante las condiciones laborales de subempleo, analizando cuáles eran sus expectativas antes de la graduación y cómo conllevan su situación laboral actual. Se empleó el método cualitativo, realizándose un análisis de contenido a siete entrevistas en profundidad de profesionales con diferentes tipos de contrato laboral. Los resultados permiten comprender la vivencia de los participantes ante el subempleo, entendiendo el éxito profesional como pura responsabilidad individual (atribución interna); y cómo algunos elementos comunes de la identidad profesional de los participantes permite sobrellevar las condiciones laborales de subempleo. Se discute estos resultados en referencia a la primacía del “ser” sobre el “conocer” y se propone una reflexión sobre el papel de las universidades, empresas y gobiernos, sobre esta situación.

Palabras clave: identidad profesional, subempleo, sobreeducación.

Abstract

The profession as a synonym of social mobility and economic stability is in question, this activity is marked by the presence of labor contracts that elude and disguise the worker / employer relationship, generating spirals of labor that end in underemployment. This research aims to understand the experience of Bolivian professionals in the face of underemployment working conditions, analyzing what their expectations were before graduation and how they bring their current employment situation. The qualitative method was used, performing a content analysis to seven in-depth interviews of professionals with different types of employment contract. The results allow to understand the experience of the participants before the underemployment, understanding the professional success as pure individual responsibility (internal attribution); and how some common elements of the participants' professional identity make it possible to cope with underemployment working conditions. These results are discussed in reference to the primacy of "being" over "knowing" and proposes a reflection on the role of universities, companies and governments, on this situation.

Keywords: profesional identity, underemployment, overeducation.

Introducción

La pobreza y la desigualdad, son realidades que afectan a muchas personas, especialmente en Latinoamérica (Boltvinik & Damián, 2016; Vakis, Rigolini, & Lucchetti, 2015), asociándose ambas con un mayor riesgo de mala salud (De la Caridad, 2013; Fresno, Spencer, Leiva & Gallardo, 2011; Marmot, 2015; Office for National Statistics, 2014). Existe evidencia además, de la relación directa e indirecta entre factores socioeconómicos como el Estatus Socioeconómico (ESE) y el desarrollo de trastornos mentales en la adolescencia (Conger & Conger, 2002).

Teniendo en cuenta una perspectiva objetiva, la pobreza involucra juicios normativos sobre lo que constituye la pobreza y qué se necesita para salir de ella. Supone la carencia o insuficiencia de un atributo (monetario o no monetario) con relación a un umbral, por debajo del cual se hallará en pobreza (Casas & Barichello, 2015). Por otro lado, la pobreza subjetiva o percepción de pobreza tiene en cuenta las preferencias de los individuos considerados “pobres” o el valor que le dan a los bienes y servicios, por lo tanto hace énfasis en la utilidad individual de las personas (Aguado & Osorio, 2006). Esta percepción se asocia con las privaciones materiales para cubrir necesidades básicas como alimentación y vivienda, y otras menos imperiosas como el ocio, pero todas necesarias para el bienestar emocional (Barcelata & Márquez-Caraveo, 2015).

En estudios con poblaciones en condiciones de pobreza, se identificaron dos grupos de factores protectores: internos, entre los cuales destacan el temperamento y la personalidad con tendencia a buscar apoyo; y externos, de índole familiar, tales como la cohesión y la flexibilidad. La presencia de una fuerte relación con una persona significativa se menciona como otro factor protector en ambientes de deprivación social y condiciones de pobreza (Barrera & Prelow, 2000; Rutter, 2002; Werner & Smith, 1992).

En América Latina, se señala que la pobreza tiene “cara de niño” (UNICEF, 2005). En efecto, la pobreza infantil se asocia con carencias que producen daños biológicos permanentes, además de comprometer su desarrollo psicológico y social (Centro de Investigación Aplicada, 2017).

En el caso de Paraguay, hasta 2015 las estimaciones de pobreza estaban basadas en las líneas de pobreza definidas a partir de la Encuesta Integrada de Hogares realizada en 1997/98, sin embargo, dichas líneas de pobreza, ancladas en una estructura de consumo que data de hace dos décadas, quedaron obsoletas. La revisión detallada implicó la elaboración de una nueva serie de cifras que incluye el periodo 1997 al 2016 (Dirección General de Estadísticas, Encuestas y Censos, 2016), considerándose las Encuestas de Hogares y el método de la Línea de pobreza, para estimar la proporción de población en situación de pobreza y pobreza extrema.

En este sentido, se define como “población pobre” a aquel conjunto de personas residentes en hogares cuyo nivel de bienestar (medido a través del ingreso) es inferior al costo de una Canasta Básica de Consumo constituida por el conjunto de bienes y servicios que satisfacen ciertos requerimientos mínimos, tanto alimentarios como no alimentarios. El costo de esta Canasta Básica de Consumo se denomina Línea de pobreza Total (LPT) (DGEEC, 2016).

La Línea de Pobreza Total (LPT) se construye estimando primero el costo de una canasta básica de alimentos cuyo contenido calórico y proteico satisfaga los requerimientos nutricionales de la población y luego, se le añade el costo de la canasta básica no alimentaria, compuesta por otros bienes y servicios esenciales, relacionados con la vivienda, vestido, educación, entre otros. El costo mensual por persona de la canasta básica de alimentos se denomina Línea de Pobreza Extrema (LPE). Se define como población en pobreza extrema al conjunto de personas que viven en hogares cuyos ingresos per cápita son inferiores al costo de una Canasta Básica de Alimentos (DGEEC, 2016).

La población paraguaya considerada en situación de pobreza representa 28,86% del total de habitantes del país, lo que significa que alrededor de 1 millón 900 mil personas residen en hogares cuyos ingresos per cápita son inferiores al costo de una canasta básica de consumo, estimado para dicho año. En el área rural, la pobreza total afecta en el mismo año al 39,72% de su población, mientras que el área urbana presenta una menor proporción de habitantes viviendo en condiciones de pobreza (21,94%). En términos absolutos, la mayor cantidad de población pobre se encuentra en el área rural, albergando a más del millón de personas en tal situación, en tanto en el área urbana el número de pobres suma 900 mil personas. En consecuencia, en el ámbito rural la pobreza es más extendida tanto en incidencia como en cantidad absoluta (DGEEC, 2016).

Por otra parte, la población en extrema pobreza o indigente (aquella cuyo ingreso mensual per cápita no logra cubrir el costo de una canasta mínima de consumo alimentario), llega a 387 mil personas aproximadamente, siendo mayor su proporción en el área rural (12,17% de sus habitantes, en contraposición a un 1,63% de la población urbana). Igualmente, el mayor número de pobres extremos se encuentra en el área rural, albergando a aproximadamente 320 mil de ellos (cerca del 83% de los pobres extremos). Así, el área rural es la más afectada por la indigencia tanto en incidencia (porcentaje) como en valores absolutos (cantidad de personas) (Encuesta Permanente de Hogares, 2016).

A los datos anteriores se suma que en Paraguay, de 1.500.000 menores de 10 años, el 40% se encuentra en situación de pobreza, teniendo que sobrevivir en sus hogares con un ingreso inferior a 21.000 guaraníes por día (alrededor de 4 USD), y el 9% vive en pobreza extrema o indigencia. Una gran proporción de niños y niñas en situación de pobreza carece de oportunidades para lograr el bienestar actual y futuro, ya que no poseen acceso a niveles mínimos de nutrición, educación, recreación, salud y vivienda (CIA, 2017). La pobreza infantil supone un alto costo social en términos de capital humano y de integración, y si se aspira a romper este ciclo intergeneracional de pobreza es imperante empezar con los más jóvenes (UNICEF, 2005).

El apoyo social percibido se refiere a la percepción que tienen las personas de la disponibilidad de los recursos sociales (Cohen & Willis, 1985). Kaniasty y Norris (2001) lo definen como aquellas interacciones sociales que proporcionan a los individuos asistencia real o una red fácilmente disponible en tiempos de necesitad.

Esta variable ha sido asociada con mejor salud (Matud, Correa & García, 2017; Bowen et al., 2013; Hamui-Sutton, Ponce-Rosas, Irigoyen-Coria & Halabe-Cherem, 2009) y como un factor psicosocial asociado al bienestar en la adolescencia (Chu, Saucier & Hafner, 2010; Rodríguez-Fernández, Ramos-Díaz, Ros, Fernández-Zabala & Revuelta, 2016). Más específicamente, también se le tiene en cuenta para mejorar las estrategias de adherencia al tratamiento en pacientes que sufren enfermedades crónicas (Martos & Pozo, 2011), tales como diabetes (Teherán, Álvarez, Muñoz, Barrera & Cadavid, 2017), adicciones (Ballester, 2003; Bond, Kaskutas & Weisner, 2003; Montesinos, Lloret, Segura & Aracil, 2016) o conductas delictivas (Bustamante, Álvarez, Herrera, & Pérez-Luco, 2016).

Distintos autores señalan la importancia que exista una red de apoyo social durante la adolescencia, especialmente la relacionada a la familia (Azzollini, Bail, Vera & Victoria, 2012; Barcelata, Granados & Ramírez, 2013). De igual manera, la percepción que los jóvenes tengan respecto del apoyo con que cuentan (su disponibilidad, accesibilidad, fortalezas y deficiencias), constituyen elementos centrales al intentar reflexionar sobre los medios para favorecer el desarrollo en esta etapa de la vida (Chavarría & Barra, 2014; Méndez & Barra, 2008; Hickey, Fitzgerald & Dooley, 2017; Ramos-Díaz, Rodríguez-Fernández, Fernández-Zabala & Zuazagoitia, 2016).

En cuanto a la relación entre percepción de pobreza y apoyo social se reporta que existe una relación entre ambas variables, teniendo en cuenta una subdivisión de los niveles socioeconómicos: pobres extremos, pobres moderados y no pobres (Palomar & Cienfuegos, 2007), siendo los pobres los que perciben un menor apoyo social percibido y estructural que la clase media (Rodríguez, 2010). También este vínculo se observa en el caso de personas de tercera edad (Salazar, Pereira, Silveira & Lost, 2013), y en estudios con otros grupos, se resalta la importancia del apoyo social percibido como factor que fortalece a la comunidad pobre (Barrón & Sánchez, 2001; Martín, Fajardo, Gutiérrez & Palma, 2007; Gracia & Herrero, 2006).

En cuanto a las variables sociodemográficas que se relacionan con estos dos constructos (percepción de pobreza y de apoyo social), se reporta que la percepción de apoyo conforma uno de los principales recursos del adolescente para hacer frente a cambios y situaciones nuevas o conflictivas (Musitu & Cava, 2003), tales como la pobreza (UNICEF, 2005). Cabe señalar que los adolescentes que viven con presiones económicas son más propensos a experimentar sucesos de vida adversos (Barcelata & Lucio, 2012). La percepción del apoyo social en ocasiones depende de la edad y el sexo de los mismos (Barcelata et al., 2013; Barcelata, Coppari & Márquez-Caraveo, 2014; Hickey et al, 2017: Musitu & Cava, 2003), y en otras, se muestra independiente de variables culturales, de sexo y edad, como se demostró en un estudio transcultural de adolescentes paraguayos y mexicanos (Barcelata et al., 2014, Rodríguez, 2010).

Dentro de este contexto local radica la necesidad de investigar acerca de la situación de pobreza, específicamente en adolescentes paraguayos, y cómo el apoyo social percibido podría estar asociado a ella. Asimismo, como investigación aplicada a un problema social y financiada por el Estado, las evidencias obtenidas serán capitalizadas en políticas públicas que promuevan formas de empoderamiento, educación y prevención de riesgos, que consideren las formas de apoyo social como redes protectoras del grupo adolescente de interés.

De esta manera, los objetivos del estudio fueron: (1) identificar la percepción y el nivel de relación entre el apoyo social, en cada una de sus escalas, y la percepción de pobreza en adolescentes, varones y mujeres, de entre 13 y 18 años de la ciudad de Asunción, (2) describir la distribución de la muestra por sexo y edad, y la percepción de apoyo social en cada uno de sus factores, (3) determinar el coeficiente de correlación entre los puntajes de apoyo social percibido, por escalas, y total, y la percepción de pobreza en adolescentes paraguayos, conforme edad y sexo.

Método

El diseño utilizado fue no experimental, transversal y correlacional (McGuigan, 1996).

Participantes

El muestreo utilizado fue intencionado y autoselectivo. Participaron 1.334 adolescentes de una institución pública de Educación Escolar Básica y Educación Media de la Ciudad de Asunción. El rango de edad fue de entre 13 y 18 años (M=14.99; DE= 1.66). En cuanto a distribución por sexo, 609 de los participantes son hombres y 725 son mujeres, todos ellos pertenecientes a un nivel socioeconómico bajo.

Se observa (Tabla 1) una mayor cantidad de estudiantes en el rango de 12 a 15 años en comparación a los estudiantes de 16 a 18 años, siendo el promedio de la edad de los participantes, M= 14,99 y DE= 1.66. Hubo preponderancia del sexo femenino en la muestra.

Tabla 1. Datos sociodemográficos: Edad y Sexo de los participantes

Edad

Frecuencia

Porcentaje

12 a 15 años

770

57.7

16 a 18 años

564

42.3

Sexo

Masculino

609

45.7

Femenino

725

54.3

En cuanto a las características sociodemográficas de los progenitores de los estudiantes, encontramos que respecto a su escolaridad se encontró un porcentaje similar tanto para padres como madres (27%) que corresponde al nivel secundaria/escuela técnica, respecto a su ocupación, se observa un mayor porcentaje en empleado/oficinista (34,5 %) en el caso de los padres, y ama de casa (39,8%) en la ocupación de las madres. La mayoría indicó el ingreso mensual aproximado de la familia como más de $9.000 (39%), también indicaron a ambos padres como proveedores en la familia (38,8%).

Instrumentos

Se aplicó la Cédula Sociodemográfica para el Adolescente y su Familia (Barcelata, 2013). Es un instrumento mixto integrado por 26 reactivos, categóricos y de opción múltiple. Evalúa la estructura familiar, por ejemplo: vivo con mi padre (sí, no); nivel educativo (primaria, secundaria, bachillerato); ocupación de los padres (obrero, oficinista, comerciante, entre otros), y estado civil de los padres (p.ej. casado, divorciado, unión libre); condiciones de infraestructura de la vivienda y bienes materiales (p.ej. cuarto, departamento, casa sola, etc.; zona de residencia o van a la escuela). La fiabilidad de este instrumento con α de Kuder-Richardson = 0.65; y un α nominal = 0.69). El instrumento permite establecer el nivel socioeconómico a partir de las condiciones de infraestructura y bienes (Rosenblüth, 2006)

Por otra parte, se implementó la Escala de Apreciación de Apoyo Social –EAAS de Martínez (2004). Adaptada para población mexicana de la Social Support Appraisal Scale de Cobb (1976), se empleó para evaluar el apoyo social percibido. Consta de 23 reactivos con opciones de respuesta tipo Likert, que va de 1 a 4 puntos, donde 1= es “muy de acuerdo” y 4= “muy en desacuerdo”, organizados en tres factores: 8 reactivos para familia, 7 para amigos, y 8 para otros. En su conjunto evalúa apreciación de apoyo social, por medio del cual el adolescente puede valorar su percepción, centrado en su propia experiencia y en la percepción de disponibilidades de conductas de apoyo por parte de su familia, amigos y demás personas dentro de la sociedad en la cual se desenvuelve (Martínez, 2004). Se reportan alfas de Cronbach de .80 y .90 en su versión original, así como índices de 0.80 y de 0.77 en la versión adaptada y en otros estudios (Barcelata et al., 2013).

Procedimiento

Teniendo en cuenta el código de Ética de American Psychological Association (2013) en todo el desarrollo de la investigación, se administraron consentimientos informados firmados por los padres y adolescentes, asegurando el protocolo ético de la participación voluntaria, anónima y confidencial de los particpantes. De igual manera, la aplicación contó con la colaboración de investigadores auxiliares entrenados. No se dio un incentivo monetario, sino que se motivó a los participantes destacando la importancia de representar una muestra paraguaya, para generar datos sobre la adolescencia en el país. Los cuestionarios fueron aplicados en formato electrónico, y en formato de papel y lápiz dependiendo de los recursos de los participantes.

- En formato electrónico, se diseñó una encuesta online conteniendo todos los instrumentos del estudio. Se distribuyeron los cuestionarios vía redes sociales para que los participantes los completen libremente, siendo motivados por los investigadores, dentro de la institución educativa, para lograr una adhesión significativa.

- En formato papel y lápiz, se distribuyeron los cuestionarios en horario de clase, en el predio de la institución y en las mismas aulas, por medio de investigadores auxiliares debidamente entrenados para el efecto y con la supervisión de la investigadora titular.

Los cuestionarios completados online se corregían automáticamente a través de una matriz de Microsoft Excel. Los casos evaluados a través del formato papel y lápiz fueron corregidos de forma manual, cargados individualmente en la misma matriz de datos, y fidelizados por otros integrantes del grupo de investigación. La duración de esta actividad fue de 1 mes.

Análisis de datos

Los datos obtenidos se sometieron al software SPSS v. 15, analizando las variables sociodemográficas y los puntajes de los cuestionarios de acuerdo a medidas de centralización y dispersión, en un lapso de 2 semanas. Con el propósito de describir la muestra, se realizaron análisis descriptivos y comparativos de las variables sociodemográficas básicas, como edad, sexo de los adolescentes, ocupación y escolaridad de los padres, que se consideran marcadores socioeconómicos (Rosenblüth, 2006). Los análisis inferenciales utilizados fueron la correlación de Pearson y el análisis de regresión lineal, así como la prueba t y la U-Mann Whitney.

Resultados

Se observa (Tabla 2), una correlación alta e inversa entre los puntajes de la percepción de pobreza y del apoyo social percibido, siendo el valor del análisis de Pearson -0.69.

Tabla 2. Correlación entre Percepción de pobreza y Apoyo social

Percepción de Pobreza

Apoyo Social

Edad

Percepción de pobreza

-0.69***

-0.12

Apoyo Social

0.12

Nota. *p < .05; * p < .01; ***p < .001.

Estos resultados evidencian, en esta muestra de estudio, que a mayor percepción de pobreza, menor es la del apoyo social percibido por los adolescentes. Por otro lado, no se encontró correlación de la edad con la percepción de pobreza, ni con el apoyo social.

Como se aprecia (Tabla 3), es posible predecir los puntajes de apoyo social percibido de los adolescentes, a partir de los correspondientes a la percepción de pobreza, tomando en cuenta que por cada punto en esta última medida, habría un decremento de alrededor de 1,69 puntos en el cuestionario de apoyo social.

Tabla 3. Regresión de Apoyo social a partir de los puntajes de Percepción de pobreza

B

ß

Intervalo de

confianza 95%

-1.69

-0.69

(-1.78, -1.60)

Nota. B: Coeficiente no estandarizado; ß: Coeficiente estandarizado.

El coeficiente de correlación ntre la edad y las escalas de apoyo social (Tabla 4), que evalúan el apoyo social de la familia, de las amistades y el percibido de otros individuos, presenta valores muy bajos, por lo que no se puede indicar que exista correlación entre las variables.

Tabla 4. Correlación entre las escalas de Apoyo social y Edad

Escalas de Apoyo social

Edad

r (p valor)

Apoyo social en la Familia

0.13

(0.00)

Apoyo social en la Amistad

0.10

(0.00)

Apoyo social en otros individuos

0.11

(0.02)

Por otro lado, se puede apreciar que existen diferencias significativas entre las diferentes escalas de apoyo social percibido frente a la franja etaria de los adolescentes (Tabla 5).

Tabla 5. Escalas de Apoyo social y Percepción de pobreza frente a la edad

Escalas

Edad

N

Media

T

P

Apoyo social en la Familia

12 a 15 años

770

25.44

-3.51

0.00

16 a 18 años

564

27.17

Apoyo social en la Amistad

12 a 15 años

770

15.73

-3.16

0.00

16 a 18 años

564

16.68

Apoyo social en otros individuos

12 a 15 años

770

21.27

-3.64

0.00

16 a 18 años

564

22.53

Apoyo social total

12 a 15 años

770

62.45

-3.68

0.00

16 a 18 años

564

66.38

Percepción de pobreza

12 a 15 años

770

25.54

4.13

0.00

16 a 18 años

564

23.75

A partir de estos resultados, se advierte que en la percepción del apoyo social de la familia, de las amistades, de otros individuos y del apoyo social total, los participantes de 16 a 18 años recibieron puntajes más elevados que aquellos entre 12 a 15 años. Así también, se hallan diferencias significativas al comparar los valores de la percepción de pobreza y la edad de los adolescentes, mostrando mayor puntaje los adolescentes de 12 a 15 años, siendo pequeño el tamaño del efecto de las diferencias (d= 0.23).

Finalmente, se puede notar (tal como se refleja en la Tabla 6), que existen diferencias significativas entre los puntajes de hombres y mujeres en las diferentes escalas de percepción de apoyo social, encontrándose que los valores de percepción del apoyo social total, de las amistades y de otros individuos, son superiores entre los varones. Por otro lado, en cuanto a la percepción de apoyo social de la familia, no hay diferencias significativas entre ambos sexos.

Tabla 6. Escalas de Apoyo social y Percepción de pobreza frente al sexo

Escalas

sexo

N

Media

t

P

Apoyo social en la Familia

Masculino

609

26.45

1.05

0.29

Femenino

725

25.94

Apoyo

social en la

Amistad

Masculino

609

16.64

3.09

0.00

Femenino

725

15.71

Apoyo social en otros

individuos

Masculino

609

22.27

2.05

0.04

Femenino

725

21.48

Apoyo

social total

Masculino

609

19.44

2.01

0.04

Femenino

725

19.27

Percepción de pobreza

Masculino

609

24.42

-1.52

0.12

Femenino

725

25.09

Como en la comparación anterior, no hay diferencias significativas entre la percepción de pobreza y el sexo de los adolescentes.

Discusión

En cuanto a la relación entre los puntajes de apoyo social percibido, se observa que las variables de interés de este estudio están vinculadas. A mayor percepción de pobreza, menor es la percepción de apoyo social en adolescentes paraguayos. Los resultados permiten predecir una percepción a partir de la otra. Estos hallazgos suponen que al percibir un menor apoyo social por parte de los demás, los adolescentes podrían tener también una valoración negativa de los recursos con los que cuentan para afrontar su condición de pobreza. Estos resultados coinciden con otros de estudios similares, que hablan de la relación entre estas variables (Barrera & Prelow, 2000; Barrón & Sánchez, 2001; Palomar & Cienfuegos, 2007; Rodríguez, 2010; Rutter, 2002; Salazar et al., 2013; Werner & Smith, 1992), y del impacto que pueden tener en la mayor o menor vulnerabilidad de los adolescentes.

Con respecto a la percepción de apoyo social conforme edad, se hallaron diferencias significativas, con un efecto de tamaño pequeño en cuanto al rango etario que comprende los 12 a 15 años. En el apoyo social, los adolescentes de 16 a 18 años puntúan más alto que aquellos entre 12 y 15 años. Esto contradice el estudio de Ramírez (2015) pero concuerda con que las etapas de la adolescencia marcan una diferencia en los niveles de apoyo social percibido (Musitu & Cava, 2003). Sin embargo, es notable que estos autores hayan encontrado una disminución en la percepción de apoyo de los padres conforme se avanza en la adolescencia, a diferencia de los hallazgos del presente estudio. Esta diferencia podría deberse a la creciente madurez de los adolescentes medios, en comparación a los tempranos.

En cuanto a la percepción de apoyo social y el sexo de los participantes, existen diferencias significativas, coincidiendo con estudios donde el apoyo social es percibido de manera distinta según el sexo. No obstante, resultados anteriores presentan que las mujeres han percibido mayor apoyo social (Hickey et al., 2017), especialmente, de parte de la pareja y las amistades (Barcelata et al., 2013; Barcelata et al., 2014; Ramírez, 2015; Musitu & Cava, 2003), en contraposición a lo que se encuentra en esta investigación. En efecto, los adolescentes masculinos de la muestra perciben mayor apoyo social de sus familias, pares y otros significativos, planteando una diferencia llamativa.

Hay que subrayar que estos resultados no coinciden con otros estudios que no evidencian diferencias importantes entre el sexo y el apoyo percibido de las familias (Barcelata et al., 2014; Musitu & Cava, 2003; Rodríguez, 2010). Sin embargo, para Ramírez (2015) el hecho de que los hombres perciban más apoyo de sus familias, probablemente los lleve a sentirse menos presionados por su entorno, y más acompañados para sobrellevar sus problemas, en una perspectiva de género menos convencional.

Indagar sobre la percepción de apoyo social de los individuos, varones como mujeres, de cualquier edad, puede proporcionar una visión más integral de la presencia o ausencia de bienestar. Esto permitiría, a su vez, dilucidar un análisis menos reduccionista de la pobreza, más allá de alcanzar un indicador de nivel mínimo de ingresos o medios para subsistir. Así, esta se entendería como un fenómeno más complejo e influenciado por un acumulado de circunstancias particulares que dependen del contexto y el entorno donde se desarrolla la persona, y que por ende, involucra distintas dimensiones del bienestar (Aguado & Osorio, 2006).

En cuanto al tipo de apoyo social percibido, ya sea familiar, de amigos o de otros, los resultados confirman estudios previos realizados en Latinoamérica (Azzollini et al., 2012; Barcelata et al., 2013; Barcelata et al., 2014; Hickey et al., 2017; Palomar & Cienfuegos, 2007, Ramírez, 2013) y Sudamérica más específicamente (Sarriera J. C., Bedin, L., Abs, D., Calza, T., & Casas, F. (2015), en donde la familia parece constituir la primera red a la que se acude para sentirse protegidos y acompañados. Este hallazgo supone un aspecto positivo para la muestra estudiada, ya que el apoyo familiar se relaciona con un autoconcepto positivo en los adolescentes y su nivel de implicación escolar (Ramos et al., 2016), altos niveles de resiliencia (Rodríguez-Fernández et al., 2016; Rodríguez-Fernández, Ramos-Díaz, Ros & Zuazagoitia, 2018)) y satisfacción vital (Chavarría & Barra, 2014; Sarriera, et al., 2015), todos aspectos relacionados con el funcionamiento adaptativo.

Por otro lado, que el apoyo social de la categoría otros (en donde se ubican las instituciones públicas entre otros servicios) se encuentre en último lugar, apunta a que los participantes del estudio perciben un apoyo casi inexistente por parte de estas entidades, lo que podría potenciar ese sentimiento de abandono y mayor vulnerabilidad. Cuando se percibe pobreza, también la percepción de apoyo de las instituciones es menor, y la resolución de los problemas de salud resulta más difícil (Hamui-Sutton et al., 2009).

Es posible que la población que percibe tener un nivel socioeconómico bajo deposite muy poca confianza en la sociedad e instituciones como fuentes de ayuda, resultando en sentimientos de conformismo e incluso resentimiento (Rodríguez, 2010). Este conformismo podría repercutir en el nivel de apoyo que creen recibir de los mismos, reforzando el sentimiento de inequidad biológica y psicosocial impuesta de manera temprana (Barcelata & Márquez-Caraveo, 2015).

Las estructuras sociales actúan como un contexto que potencia o disminuye los factores de riesgo biopsicosocial (Méndez & Barra, 2008), por lo que es posible que estos individuos consideren que tienen muy pocos recursos para subsistir, debido al escaso apoyo social que perciben por parte de las instituciones sociales de su comunidad.

Estos resultados hacen pensar en que el apoyo social percibido de manera adecuada, puede considerarse como una condición -no única pero sí necesaria- para la adaptación del individuo a las exigencias medioambientales (Martín et al, 2007; Palomar & Cienfuegos, 2007), como en este caso, la situación de pobreza percibida.

El estudio pretende ser una aproximación a la percepción de adolescentes de Asunción, sobre el apoyo recibido por parte de su entorno más cercano, como lo son sus familiares y amigos. De esta manera contribuye a identificar posibles riesgos para la salud mental de los mismos, ya que el apoyo social es considerado como una función relacionada con el funcionamiento psicológico de los individuos.

A partir de lo encontrado, se sugiere a los profesionales de salud mental fortalecer el apoyo familiar y social, favoreciendo por ejemplo, la escucha familiar, la pertenencia a la comunidad y el sentido de cohesión, puesto que la familia, los amigos y la propia comunidad, son vistos como recursos informales disponibles que garantizan la continuidad de los servicios profesionales en salud (Fernández, 2005).

Asimismo, desde una perspectiva macro, urgen importantes reformas en el diseño de políticas públicas que busquen fortalecer los lazos de ayuda y credibilidad dentro de comunidades excluidas socialmente, ya que los datos resaltan la importancia del apoyo social como recurso para sobrellevar y afrontar la situación de pobreza. Cabe considerar, que las condiciones en las que se encuentra la comunidad de residencia influyen en la percepción de apoyo de sus habitantes (Gracia & Herrero, 2006).

Iniciativas como el Programa de Talleres “Adolescencia Prevenida” (Coppari, 2013), de prevención del riego y promoción de la resiliencia, articulan alternativas de solución de problemas, formando como monitores a adolescentes, padres, maestros y otros miembros de la comunidad, empoderando en las escuelas a estos actores, y generando un efecto multiplicador de los beneficios a mediano y largo plazo. Por esta razón, programas de este tipo deberían ser incluidos en las políticas públicas de salud y educación, con un enfoque positivo, comunitario y de continuidad de los insumos, para amortiguar y superar las consecuencias negativas de la pobreza.

Las limitaciones del estudio pueden relacionarse con la falta de un muestreo probabilístico y el alcance a otras zonas más rurales del Paraguay, a fin de tener un panorama más completo de la situación de pobreza y apoyo. Otra limitación se refiere a un posible sesgo debido a la doble modalidad de administración de cuestionarios, teniendo en cuenta que esto podría influir en las respuestas de los participantes. Así también, podrían sugerirse estudios que tengan en cuenta variables psicológicas que influyan en el nivel del apoyo social percibido, como pueden ser la autoestima, el locus de control, entre otros.

Referencias

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Correspondencia: Raúl Alejandro Aráoz Cutipa. Departamento de Psicología. Universidad Católica Boliviana San Pablo, Bolivia. Email: raulalearaoz@gmail.com

1 Este artículo forma parte de la Investigación doctoral: Identidad profesional y mito de la profesión en trabajadores de Oruro y La Paz.

Summa Psicológica UST (CC – BY – 3.0)

ISSN: 0718-0446 / ISSNe: 0719-448x

http://summapsicologica.cl/

Introducción

Bolivia, es un país que pasó de un 73,8% de población viviendo el área rural a mitades del siglo XX), a un 67.3% que actualmente radica en los centros urbanos (INE, 2015). Desde la reforma agraria en 1952 las personas provenientes del área rural han emigrado a los centros urbanos con el afán de proveer a sus hijos la mejor educación posible, con la aspiración de la profesionalización universitaria como medio de movilidad social con la obtención de trabajo, mejores ingresos y acceso a servicios urbanos apreciados como facilitadores de la vida (Gunderman, González y Durston, 2014)

Se hace interesante cómo el discurso sobre la profesión, una institución heredera del auge capitalista de la revolución industrial (Lozano, 2014), puede convivir con familias de origen indígena – campesino, quienes en su mayoría no alcanzaron grados universitarios, con tendencia a la vida comunitaria y que en la actualidad, en algunos casos, conforman las élites de comerciantes, los Qamiris Aymaras (Llanque, 2011) quienes se han apoderado de las esferas económicas de cada ciudad boliviana, costeando la educación de más alto nivel para sus descendientes y conviviendo con realidades laborales de desempleo, subempleo, desenvolviéndose en el “mito familiar de la profesión” (Aráoz y Pinto, 2017).

El caso boliviano es singular, según datos del Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (CEDLA), sólo el 10% de los egresados de las universidades bolivianas logra conseguir un empleo formal, de este 10%, un 47% de egresados consigue una fuente laboral y aunque las cifras del Ministerio de Trabajo señalan una reducción del desempleo general a razón del 12.5%, el hecho final es el crecimiento del “empleo precario e informal” (Toro, 2013), carente de seguridad social e imposibilidad de jubilación a largo plazo. Aun así, la profesión sigue siendo “un objeto donde se depositan las aspiraciones de bienestar económico y social, y que representa la posibilidad de trabajo y dinero” (Torres y Muñoz, 2009, p.96)

El presente estudio se encuentra en la línea de investigación del trabajo como significado personal (Rosso, Dekas, y Wrzesniewski, 2010). Intenta comprender cómo viven los profesionales su situación de subempleo, luego de vivir, estudiar y formarse con la idea que el estudio de una carrera profesional estaría asociado a una mejor calidad de vida y cómo esta condición construye su relación con su identidad. Esta concepción de la educación como “factor clave” en el desarrollo es una de las conclusiones que ha fomentado la teoría del capital humano y la economía de la educación (Azqueta, Gavaldon y Margalef, 2007). El resultado de la aplicación del modelo de inversión en capital humano sería que un trabajador con mayor educación puede incrementar el producto marginal de su labor y, por ende, producir más y al final obtener un mejor salario; sin embargo, la educación como estrategia de desarrollo no ha generado los resultados esperados, aumentando la cantidad de los educados, mas no su calidad, ni su productividad (Alvarez, 2015; Pritchett, 2001).

Este fenómeno conocido como sobreeducación o desajuste del mercado laboral se ha convertido en una característica de los países latinoamericanos, donde a principios de este nuevo siglo, se incrementó la cantidad de egresados de instituciones de educación superior, pero no así las ofertas laborales (Burgos, 2008). Por ejemplo, en Ecuador la sobre educación oscila entre el 12,82% y 18,28% de trabajadores con título universitario (Herrera, 2010), en Colombia el 14% de los trabajadores tiene mayor educación que la exigida por las empresas (James-Mora, 2008), y en Perú la educación superior se ha constituido en una promesa incumplida, que conlleva a los profesionales a ocupar vacantes laborales que no poseen como requisitos mínimos de contratación a los títulos profesionales (Lavado, Martínez, Yamada, 2014). De igual manera Burgos (2008, 2011) explica una disminución salarial del 14,7% en profesionistas mexicanos con sobre educación para sus fuentes laborales, y en Chile, las políticas estatales de inversión en capital humano avanzado, formando profesionales con educación postgradual, no conllevó a la creación de oportunidades reales para su ejercicio profesional (Rovira y Carmona, 2015).

Este fenómeno es explicado por el incremento masivo del número de profesionales que presiona para abajo el retorno de la inversión del profesional (Yamada, y Oviedo, 2016), debido a que el crecimiento de la economía es inferior al de la cantidad de nuevos egresados universitarios (Burgos, 2011), razones por la que se puede concluir al igual que Pacenza (2001) “la posesión de credenciales educativas más altas no son sinónimo de empleabilidad, sino que representan ventajas comparativas en relación a los menos educados y que los ingresos recibidos por los puestos no guardan relación con la inversión en educación” (p.4).

En Bolivia el crecimiento del empleo informal es alrededor de un 51%. En otro estudio el CEDLA establece un 21% de empleos precarios en 2001, siendo los salarios inferiores a dos veces el salario mínimo nacional, incluso estando el nivel del sueldo de un profesional con grado de licenciatura cercano al mínimo nacional. Por tal razón muchos profesionales con grado de licenciatura optan por la educación postgradual (Sevillano, Menéndez y Pérez, 2016). En este segmento poblacional ocurre un fenómeno paradójico expresado por quien fuera Director General de Planificación del gobierno boliviano, José Ballesteros Coca: “quienes cuentan con mayor grado de formación académica, contradictoriamente, son los que enfrentan mayores dificultades para una adecuada inserción laboral” (Toro, 2013).

De igual manera, Organista y Garzón (2012) explican: “la relación beneficio/costo entre la posible remuneración en Colombia para profesionales con posgrado y los costos de dichos estudios sigue siendo ampliamente desfavorable, con lo que la inversión en estudios de posgrado, dada su probabilidad de recuperación, es de alto riesgo y baja tasa de retorno” (p.77), por lo que el profesional requiere del multiempleo para lograr una remuneración suficiente. Otro ejemplo ocurre en México donde sólo uno de cada tres postgraduados obtiene un empleo acorde a su nivel académico (Olivares, 2011).

La condición de conseguir empleo por parte de los profesionales, sobre todo en el área de las ciencias sociales, es cada vez más dificultosa. Los estudios de Ocampo y Vallejo (2012) sobre la tasa de empleo en América Latina muestran cómo en las últimas tres décadas el empleo ha pasado por dos grandes etapas: una es la crisis que sufrió Latinoamérica entre 1990 y 2002 que trajo aparejada un pobre rendimiento en cuanto a ofertas laborales y el “boom” de crecimiento que se produjo entre 2003 y 2008. Sin embargo, este crecimiento en cuanto a la capacidad de gasto y mejora de los indicadores que miden el desarrollo humano, no coincide con la mejora de las condiciones laborales de los empleados profesionales debido al incremento de la informalidad del 58.8 al 64 % entre 1990 y 2008, así como el aumento del empleo de corto tiempo que vulnera la seguridad social del trabajador.

Esta situación laboral deficitaria en cuanto a su oferta es explicada por la sobre especialización de los países emergentes en sectores de exportación de materias primas (Op. Cit), por lo cual Pacenza (2001) indica que la profesión dejó de ser un trampolín de movilidad social para convertirse en un paracaídas para posicionarse en el mercado laboral.

Todo este fenómeno se define como “subempleo” (empleo precario o informal), que puede explicarse desde cinco dimensiones: 1) tener mayor educación de la que es necesaria para realizar el trabajo, 2) realizar otras actividades por fuera de las entrenadas o aprendidas en los centros de formación universitaria o técnica, 3) poseer habilidades que no son tomadas en cuenta en los trabajos, 4) procurar un empleo a tiempo completo, pero sólo encontrar un a tiempo horario o medio tiempo 5) percibir de salario un 20% inferior a un anterior trabajo o lo que por promedio perciben sus pares (Feldman, 1996). Estos indicadores de subempleo pueden definirse como subempleo educacional, subempleo jerárquico, subempleo salarial, subempleo en el status laboral y subempleo en el campo laboral (Thomson, Shea, Sikora, Perrewé y Ferris, 2013).

Los efectos psicológicos del subempleo, afectan la percepción de bienestar de las personas y son similares a los del desempleo, generan efectos de sensación de rabia, caída libre y frustración que acompaña esta situación crítica (Blustein, Kozan y Connors-Kellgren, 2013). A su vez esta condición impide a las personas satisfacer sus necesidades y expectativas (Feldman, 1996), disminuyen su autoestima, su satisfacción con la vida y salud mental (Roh, Chang, Kim y Nam, 2014). Incluso, se ha demostrado como las condiciones de subempleo afectan las expectativas de éxito laboral a largo plazo del trabajador, incrementando la propensión a obtener/aceptar empleos similares y bajos niveles salariales, (Verbruggen, van Emmerik, Van Gils, Meng, C., y de Grip, 2015). El subempleo o empleo precario/informal forma parte del círculo de la pobreza de las personas que son atrapadas por esta condición laboral (Cáceres y Cáceres, 2015).

Siendo probable que las condiciones de subempleo laboral constituyan una amenaza a la identidad del trabajador (McKee-Ryan y Harvey, 2011), teniendo implicaciones negativas sobre la identidad social de los trabajadores a medio tiempo, provocando un estigma de “perdedores” en relación a sus compañeros de trabajo de contrato completo (Boyce, Ryan, Imus y Morgeson, 2007).

Lo que sí parece cierto es que con la obtención de un título académico se promueve el orgullo y la auto-confianza de quiénes lo han logrado (Brown, 2014). En la revisión teórica de McKee-Ryan y Harvey (2011) la investigación sobre cómo el subempleo altera la identidad del empleado se ha convertido en una “interesante pregunta a futuro” (p.27) y así como se ha definido el subempleo, Feldman (2006) considera que su estudio no sólo debe agrupar con métodos estadísticos, sino se hace necesario estudiarlo desde la óptica cualitativa y/o estudios mixtos. Por tales razones, las preguntas que guiaron este estudio de tipo cualitativo serán ¿Cuál el sentido y/o significado de realizar un estudio de licenciatura en la universidad? ¿Cómo es vivida la situación de pertenecer al grupo de “empleo profesional precario/informal”? ¿Cuáles son las expectativas de la profesionalización? ¿Cómo se construye la identidad de quienes están en condiciones de subempleo?

Método

La presente es una investigación de tipo cualitativa, se armó con una variedad de técnicas de recolección de información, primero se abrio un portafolio de investigación (Rance, 2005) donde ingresaron narrativas breves (Georgakopoulou, 2006) y luego entrevistas en profundidad.

Participantes

Una vez definido el tema central de la presente investigación, se procedió a la obtención de participantes para la realización de entrevistas en profundidad. Con la finalidad de obtener diversidad en las narrativas de los informantes, el criterio de selección fue buscar profesionales que tengan diferentes tipos de condiciones laborales, por lo que se entrevistó a cinco profesionales contratados bajo modalidad de venta de servicios o consultores en línea, denominados contratos civiles, al momento de la entrevista, de estos primeros cinco, cuatro de los participantes tienen estudios de postgrado, dos tienen un trabajo de ocho horas diarias, el resto con contrato de trabajo a tiempo horario.

Los otros dos profesionistas entrevistados, presentan condiciones laborales distintas, uno poseía un contrato de tipo laboral indefinido, de ocho horas diarias, y otra que al momento de la entrevista no contaba con trabajo. En total se entrevistó a siete participantes, cuatro varones y tres mujeres.

Instrumentos

Se utilizó la entrevista en profundidad ya que comprende un proceso interactivo entre el entrevistador y entrevistado donde se genera de forma explícita e implícita el interés por establecer una serie de preguntas que dirigen el proceso de investigación y en el que el entrevistador reposa indirectamente sobre los relatos de otros (Flores, 2009).

Procedimiento

Se decidió comenzar con la obtención de códigos emergentes (Strauss y Corbin, 2004), por lo que en un inicio, se solicitó a 150 personas, con diversidad de carreras estudiadas y grados obtenidos, que contasen narraciones cortas sobre su historia profesional y laboral, expectativas, logros y sentimiento frente a la condición laboral actual, esta información se fue recogiendo en diferentes encuentros con profesionales, por un lapso de tres años, una vez se consideró suficiente información se procedió a la codificación, generando dos grandes temas, el mito de la profesión y la identidad profesional en condiciones de empleo precario, el presente estudio forma parte de esta segunda categoría general.

Análisis de datos

Las entrevistas en profundidad, se basaron en los temas de: expectativas laborales antes de ingreso a la carrera, confrontación con la realidad actual, y valores, actitudes y creencias sobre la profesión y las condiciones laborales que ellos presentan.

Al final se realizó un análisis de contenido (Foreman y Daimsholder, 2008) segmentando las historias en temas, categorías y familias (San Martín, 2014) creando redes gráficas (árbol de cognemas) mediante el manejo del software Atlas.ti versión 7.5.

Resultados

Luego de realizada la codificación, se describen tres categorías generales: vivir el subempleo; éxito profesional como atribución interna; y profesión como identidad. En dos subtítulos se inserta una red gráfica que resume los conceptos analizados en cada punto.

Profesionales viviendo al límite. Vivir el subempleo

En la figura 1, se muestra cómo frente a un ideal o mito, que propone la profesión como un medio movilidad social y éxito socio personal y familiar (Aráoz y Pinto, 2017), la realidad de los profesionales entrevistados tienen similitudes, contratos a tiempo horario , de “carácter civil ” que no proveen los beneficios de una relación laboral, “…la verdad no me hago inconveniente en trabajar las 8 horas, pero por el momento trabajo tiempo horario” (6:14), o situaciones en la que uno trabaja por menos de doce meses al año: “…sabes que los meses de enero y julio, son vacaciones, me las tengo que arreglar, eso me mata…” (3:45) o sino parte de su tiempo lo consume esperando la convocatoria anual : “…ya es mayo y por cambio de autoridades hasta ahora no sale la convocatoria…esperaré nomás…”, “Por el momento nada, bueno esperando…que salga la convocatoria (lleva 5 meses esperando)” (03:8).

O situaciones en las que después de abandonar una fuente laboral, ya no pudo mantener su nivel de ingresos: “…sé que si ahora intento vivir de mi profesión no lo lograría, ahora debo hacer un negocio, otra cosa que me llene los bolsillos…”. Este tipo de respuestas ante la imposibilidad de conseguir los ingresos necesarios y tender a realizar otra serie de actividades no relacionadas a su profesión, se conoce en la literatura como los shitfers (Simosi, Rousseau y Daskalaki, 2015) , razón por la cual uno debe decidir si obtener ingresos buscando o esperando un trabajo o actividad relacionada con su carrera o más bien elegir algún tipo de actividad diferente que le permita generar ingresos: “….conozco colegas con una capacidad impresionante que en realidad no viven la realidad que su capacidad merece. Por ejemplo hay gente que tiene una capacidad y formación sorprendente pero que hasta ahora no encuentra un trabajo, uno solo”, lo cual se convierte en una espiral de subempleo /desempleo que puede retrasar el ingreso a una fuente laboral, debido a no poder obtener la ansiada experiencia “en el área”, que muchos trabajos solicitan como requisito.

Figura 1. Árbol de cognemas: del ideal a la realidad profesional.

Entonces, con el paso del tiempo comenzar con un edad mayor a buscar trabajo de la profesión de cada uno puede ser un problema y se puede pensar como lo hace este entrevistado: “Muchos han tenido la suerte de entrar a empresas, pero ya viejo no te dan oportunidades” (03:24),

La cuestión de la edad o de la experiencia no son las únicas realidades con las que debe luchar el profesional. A veces debe vivir discriminación por género o el hecho que a veces muchas profesiones no encuentran su mercado laboral, la siguiente cita pertenece a un profesional varón que intentó ingresar a puestos laborales relacionados con la atención de violencia de género.

“…Bien y mal. No te podría decir que estoy completamente desilusionado. Sí tengo recuerdos muy bonitos de instituciones en la es que he estado, experiencias con algunos niños, adolescentes o adultos. Sí tal vez el campo en el que yo traté de entrar no estaba listo para que entre. Considero que también he sido discriminado por el sexo. Como te decía, en el campo en el que yo quería trabajar y pues bueno, me parece que es parte de todo. No creo que sea la profesión la que me trate mal, sino es el entorno…” (05:08).

La situación del profesional no está garantizada con la sola obtención de un título universitario. La profesión ya no implica la estabilidad económica, sino ahora la consecuencia del ser profesional implica más condiciones sociales que económicas:

“Mis papás han aceptado que hoy por hoy la profesión te ayuda a sobrevivir y si quieres una comodidad tienes que dedicarte al negocio, al comercio. Ellos dicen eso que hoy por hoy por tanta demanda y si te ayuda a sobrevivir ya si quieres una posición económica buena digamos, tienes que dedicarte al negocio” (07:14).

Incluso muchas veces los profesionales deben compartir su tiempo entre la profesión y el negocio: “he pensado en esto de los negocios. Tienes que meterte a hacer eso. En Bolivia no te da la profesión. Yo abriría un negocio aparte y haría lo que me gusta” (08:11).

Por lo que, en muchos casos, ante las presiones económicas muchos optan por dejar su título archivado, realizando cambios al optar por ejercer un oficio/profesión distinta a la estudiada: “Hay muchos casos que trabajan en el área de la construcción, incluso de ayudantes. Y no ejercen su profesión porque no hallan aún una oportunidad” (12:23).

Como consecuencia se ha establecido la creencia que los méritos profesionales vayan cediendo espacio a los contactos o “influencias políticas”, de amistades e incluso “logias” como fuentes de obtención de empleo. Entonces la educación y formación, debe dar paso a otros caminos que se necesitan para desarrollar el sueño de ejercerla:

“… Este trabajo se debe a un amigo, … se dio gracias al contacto que hice con un amigo con el que no hablábamos de nuestras vidas privadas. Y un día clave le dije que estaba buscando trabajo, Tal vez estaba en el momento y tiempos oportunos, suerte, azar o simplemente favor de una amistad. Pero sí, eso te ayuda en muchos espacios…….” (11:25).

El ejercicio pleno de la profesión no sólo depende de la formación, de la capacidad, sino de muchos otros factores donde lo político o la amistad, son relevantes:

“.la idea de trabajar duro, que hay que trabajar mucho para llegar a un objetivo, puede ser cierta, pero si lo ponemos en contexto y tomamos en cuenta de que muchas veces dependemos de otras personas que no están tan de acuerdo con nuestros objetivos, todo se convierte en una apuesta de fe, puede o no puede ser…(05:15).

El sentir de los profesionales que no pueden encontrar trabajo implica una renuncia de sus potencialidades, su identidad se ve afectada, la obtención de una fuente laboral más dependiente de una ayuda política y no de su formación personal, no es su capacidad académica la que prima en la consecución de un empleo, sino sus méritos partidarios, sin los cuáles creen encontrar las puertas cerradas a la obtención de un trabajo, razón por la cuál tener éxito no depende de uno, sino como dice una entrevistada: “yo intento de verdad, o sea intento tener un trabajo más estable, sale de mis manos” (06:29)

Una forma de llenar el vacío que otorga el incumplimiento de la promesa de la profesión es el renegociar la carrera profesional hacia un proyecto a largo plazo, donde las circunstancias de subempleo actuales son entendidas como estrategias de crecimiento profesional o fases previas a un gran logro futuro tal y como se tratase de una apuesta de vida:

“En realidad la vida es una apuesta. Todo es una apuesta. Todo depende si le pones el rojo o el negro. En este caso yo le pongo a la profesión, puedes ganar como puedes perder, es parte de la vida. Cada uno tiene que hacerse responsable de sus decisiones. Yo he decidido apostar a la profesión y sí para mi hijo, pues estoy haciendo esta apuesta para los dos. Al hacernos responsables de esto, lo que vaya a surgir, lo que vaya a resultar de esto, va a tener mi hijo” (05:07).

El éxito profesional como atribución interna

El éxito social y económico del profesional sería una consecuencia propia del esfuerzo y dedicación, preguntando sobre su visión de la profesión se ha encontrado la siguiente respuesta:

“Yo creo que es una lucha, un esfuerzo y demás, no para ver qué pasa definitivamente no, otra vez, muy similar es como que tengo una meta y me voy a esforzar al máximo, veremos qué pasa, pero no veremos qué pasa y lo dejo ahí y me voy a esforzar por dar lo mejor. Creo que es todo. Si no te esfuerzas no vas a lograr lo que quieres. ¿Qué es lo que quiero?, Yo quiero intentar estar estable económicamente, eso es lo que me está molestando mucho, por ahora…” (06:39).

El profesional tiene, sobre la base de su formación, la responsabilidad sobre todo lo que hace, percibe, merece, todo es fruto de su esfuerzo. En esta condición, el profesional se encuentra a la merced del mercado viviendo una realidad que en muchos casos tiene como mayor logro el reconocimiento social: “considero que la felicidad absoluta no existe, siempre hay cosas que se pueden mejorar, que se tienen que ajustar, trabajar seguro que sí, soy feliz porque tengo un trabajo donde estoy alcanzando una posición no solamente de reconocimiento sino también de poder y de autoridad” (05:59), un hecho distintivo en esta cita es que proviene de un profesional que alude a su trabajo que le llena de reconocimiento y que sin embargo no es un trabajo con ítem, sino es un trabajo a tiempo horario que no constituye su principal fuente de ingresos.

La profesión como identidad

En el siguiente acápite se explica los significados atribuidos a la profesión, y cómo estos conforman una identidad profesional que construye parte de la identidad personal de la persona que decidió estudiar para obtener un título universitario. En la figura 2 se muestran estos significados organizados en un árbol de cognemas.

Figura 2. Árbol de cognemas: Identidad profesional.

Una vez que en el primer acápite se definió una vida ideal posterior a la consecución de un título universitario, y cómo este ideal es contrastado con la realidad fruto de las condiciones de subempleo, la búsqueda de estabilidad social y económica por medio la profesión se encuentra en duda por los relatos de los participantes de este estudio. La profesión como factor de diferenciación social parece que va perdiendo su estatus como factor de movilidad social. Como se mencionó anteriormente, la profesión hoy por hoy ya no garantiza un nivel socioeconómico medio. La siguiente cita es de un profesional con contrato laboral de ocho horas, tomado como alguien que tiene un cierto éxito socio económico en su comunidad:

“al principio mucha gente piensa que con la profesionalización va a vivir tranquilito. Nosotros vivimos bien, no me quejo de eso, no nos falta nada, lo único que nos falta es plata. Tenemos una relación familiar muy estable, muy tranquila con, de la manera más armoniosa. Hay muchas cosas que nosotros tenemos que creo que nos mejora la calidad de vida. Nadie puede tenerlo todo y nosotros somos de los que no podemos tener plata” (11:17).

Las personas siguen insistiendo en que el camino preferido para un bachiller es la obtención de un título profesional. Así surge la pregunta ¿Qué mantiene a las familias en este camino? ¿Qué mantiene al profesional para esperar contratos que no cumplen las leyes laborales? La respuesta sencilla: la necesidad. Sin embargo, las citas anteriores muestran que en el comercio, artesanía y otros, el ingreso sería más elevado, pero aun así, según las entrevistas descritas, muchos han decido “apostar” por la profesión. Pero la pregunta sigue en pie ¿Qué mantiene al profesional en su “apuesta” por vivir de/con la profesión? Al final, se plantea que la obtención de un título profesional es un factor constituyente de identidad personal:

“El costo de una carrera, es una inversión. Además, es también cuantificable en tanto te da una certificación que te da un más o un menos que, es como una especie de acto de poder. A través de una carrera, es como otorgarte otro estatuto, otra nominación que no la tenías antes” (12:05).

Para quienes han decidido optar por el camino de la profesionalización, es fundamental ejercer para lo que han estudiado, la profesión es una pasión. Ya en una cita anterior se mostraba cómo no se piensa hacer nada más de aquello que representa la profesión. En otra circunstancia existe la posibilidad de renunciar a aspectos económicos con tal de ver realizado el sueño profesional:

“…pero hubo un problema. Si bien ganaba mucho dinero, yo incluso renunciaba a ese dinero disfrutando no por el tema de cálculo económico sino porque no me sentía empoderado de él. Y cada vez mi vacío era más grande. Entonces me di cuenta que no me convocan a esa actividad en absoluto y me sentía cada vez más triste. Hasta que llegó una oportunidad sería una demanda de trabajo en el área clínica. Al mismo tiempo me dije a mí mismo, si esta es tu opción no estas todavía formado. Fue mi elección renunciar a esto que sostenía económicamente y decir a la familia, mi suegra, yo hasta aquí nomás llego. Esto es suyo y para ustedes. Poner las manos detrás era despedirme de ese ingreso. Comenzar mi formación en postgrado y admitir un trabajo que más que beneficios me ponía en apuros. Comencé a trabajar de a poco. Pero te soy sincero, el motor que sostuvo eso, además que lo han dicho, creo yo que es mi deseo, que fue la única manera que yo podía tener, la única manera que yo podía pagar en esos momentos…” (12:11).

Como se muestra en la figura 2, la profesión es una etiqueta social que genera identidad, en puntos anteriores se ha expuesto citas que describían la insatisfacción y frustración de quiénes no habían alcanzado el título académico. Por ejemplo, la declaración de un trabajador minero es la siguiente: “Si bien no soy nada, que mis hijos sean algo más…” (03:27). Esta frase implica la visión de generaciones pasadas, migrantes campo – ciudad donde su identidad, en comparación con la de los “doctores” se hallaba en desventaja, así se obtiene una forma de identidad “social”, implica la consecución de poder ser alguien y ese “ser alguien” es producto del título universitario. Por tal razón el “ser profesional”, que no siempre genera estabilidad, debe procurar alguna otra forma de satisfacción, no reductible a lo económico.

Entre los relatos de los participantes, más allá del reconocimiento social comentado en puntos anteriores, refieren que el mismo hecho de estudiar para obtener la profesión los ha cambiado como personas, cambiando sus valores, apropiándose de la filosofía de la misma profesión, un profesional en Psicología manifiesta lo siguiente: “seguro algo que también me ha dejado la profesión es ser una persona completamente nueva. Algunos amigos, especialmente los de colegio, cuando me encuentran me ven muy reflexivo… porque me lo han dicho. Fue un cambio fuerte a lo que habían conocido” (05:29).

El cambio no sólo se produce con el estudio, sino en el refuerzo constante que implica el ejercicio de la profesión, el contacto diario con la población de tu trabajo (más en el área social), el refuerzo de la eficacia en el trabajo, son aspectos que hacen más por el profesional que el tema económico:

“Creo que hay un plus cuando trabajas con gente, eso es lo que te alimenta. Eso he encontrado en el ejercicio profesional. Creo que eso también te da la carrera, el hecho que puedas tú ganar un plus social, un plus de autovaloración por lo que tú puedas hacer con el trabajo que haces y eso es lo que yo valoré mucho. A partir del título y a partir de ser profesional, porque en este lugar ahorita, donde estoy trabajando, no hubiera podido estar sin una profesión. Ahora no siempre psicólogo, de repente pedagogo. Hay herramientas que la Psicología me ha dado que me permite estar en este espacio. Creo que eso también te da la profesión. Creo que también despiertas a partir de un trabajo social. No sé si todos lo alcanzarán….” (11:10).

Justamente la identidad profesional, entendida según las comparaciones y diferencias que cada persona realiza con los comportamientos esperados de otras profesiones, describiendo las actitudes, valores, conocimientos y habilidades compartidas dentro de un mismo grupo profesional (Adams, Hean, Sturgis y Mcleod, 2006); lo que relata el entrevistado se refiere al producto de cambio y crecimiento como resultado del ejercicio propio de la profesión.

No sólo la profesión alimenta a las personas produciendo cambios en la visión de mundo que se tenía antes de estudiar o de ejercer un determinado oficio, sino también está el tema del gusto, la “pasión” que uno siente por lo que hace: “es una pasión para mí, es como el deporte, me encanta y vamos y me esfuerzo y ya…” (06:31).

Discusión

Las estrategias de instituciones que contratan personales como eventuales, han puesto como un misterio el futuro del nuevo profesional, que lidia entre las presiones de éxito socio / económico que provienen de un ideal, contra contratos en su mayoría informales, muy cercanos a los salarios mínimos nacionales. Condiciones laborales de subempleo afectan al bienestar de las personas, así como a su autoestima, su satisfacción con la vida y salud mental (Roh et al., 2014).

Por tal razón la profesión parece haber dejado de ser un espacio de seguridad y resguardo del futuro, para devenir en la imagen de un “paracaídas” para el sustento diario. Las citas de los participantes de este estudio confieren la idea que la profesión te garantiza como mínimo un estatus social que te “diferencia del resto”, pero hasta ahí nomás, muchos han coincidido en que la estabilidad económica en estos tiempos ya no va de la mano de un título académico, espacio dejado para actividades comerciales.

Sin embargo, las citas señalan que no dejarían su profesión por éxito económico, lo cual plantea, si la profesión significa algo más que un mero estudio o actividad de subsistencia, entendido en ese contexto se concluye que a la profesión se le ha conferido como un factor preponderante en la identidad de cada uno.

La identidad profesional se concibe con dos significados, un primer significado representaría una diferenciación social del resto, la adscripción a un grupo o estrato, pero también una fuente de logro y satisfacción familiar y personal, reforzada por situaciones ideales de reconocimiento, poder, o ingreso económico. Y un segundo significado del “ser profesional” lo constituiría una identidad profesional interpersonal, que describe las actitudes, valores, conocimientos y habilidades compartidas dentro de un mismo grupo profesional y explica cómo las personas se comparan con los comportamientos esperados de otras profesiones, de esta manera las personas refuerzan sus conductas como propias de una determinada profesión (Adams et al.,2006).

La educación como proveedora de identidad, en función de un “ser”, seguida de la obtención de conocimientos requeridos para desempeñarse en el mundo laboral, implicaría un “saber”, es explicada en la propuesta de un modelo educativo por competencias, Delors (1996) propone cuatro pilares necesarios a toda propuesta pedagógica para el siglo XXI: conocer, saber hacer, convivir y ser. Los participantes de este estudio manifiestan la importancia que tiene “el ser” de la educación universitaria, aspecto que debe ser tomado muy en cuenta al momento de desarrollar políticas económicas, el significado de la educación como “ser”, puede incluso opacar la necesidad de “adquirir un saber”.

El saber de orden superior no debe convertirse en una mercancía (Herrera, 2010), tal vez por esta razón la teoría de capital humano queda entre dicho por dos causas: el incremento de la cantidad de educación no produce los mismos rendimientos productivos que calidad (Haussman, 2015) y el conocimiento laboral específico es más solicitado que el formal o general (Didier, 2014), constituyéndose en una inversión de alto riesgo y baja tasa de retorno, la inversión en educación superior postgradual (Organista y Garzón, 2012).

Estas realidades que requieren una reflexión profunda del sistema de universidades, comenzando a pensar en términos de empleabilidad de las profesiones, generando un encuentro entre el sector empresarial con el académico (James-Mora, Cendales y Caicedo, 2017), promoviendo el auto-empleo (Formichella, 2010), posibilitando la obtención de títulos intermedios que permitan cumplir con el anhelo de “ser”.

Y de parte de los gobernantes, terminar con formas de relación obrero - patronal que esquivan la obligación patronal como contratos de consultor en línea, o de carácter de venta de servicios o enmarcados en la legislación civil y no laboral y diversificar el énfasis productivo primario exportador de materias primas que dificultan la masificación de fuentes laborales.

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2 El contrato tiempo horario, se refiere a profesores universitarios pagados por las horas de clase, que es diferente al contrato tiempo completo, que posibilita horas de docencia e investigación

3 En Bolivia se establecido una protección del empresariado e instituciones estatales, donde bajo el denominativo de “contrato civil”, la institución o empresa compra los servicios de mano de obra del profesional a cambio de un monto económico, eludiendo la carga de las obligaciones laborales y patronales.

4 Una forma de llevar a cabo el “contrato civil”, es recontratar al trabajador cada comienzo de gestión, sin embargo, por burocracia estatal, el presupuesto se comienza a ejecutar, generalmente pasado el primer trimestre de cada gestión, ocasionando que el profesional espere la convocatoria y la contratación por medio casi 4 a 5 meses al año, período en el que no percibe salario.